Rasgos más sobresalientes
Saturno no es sólo anillos (el único planeta que los exhibe para los telescopios aficionados), sino un complejo sistema atmosférico muy activo y un enjambre de satélites naturales, entre otras características.

Leyenda: N - norte Te - templada
S - sur Tr - tropical
B - banda n - componente norte
Z - zona s - componente sur
R - región p - precediendo (saliente)
P - polar f - retrocediendo (poniente)
E - ecuatorial
Como la fuente original de este diagrama está orientada a la población de habla inglesa, la nomenclatura utilizada en el mismo sigue la secuencia sintáctica de dicha lengua y, por ello, es distinta a la secuencia sintáctica del español (en la cual el orden de las palabras es inverso). SPR, por ejemplo, denomina a la Región Polar Sur; SEBs debe leerse como componente sur de la Banda Ecuatorial Sur, mientras que NTeZ designa la Zona Templada del Norte. Cuando se repite una letra, como en NNTeB o SSTeZ, esto hace referencia a una zona más al norte de un par que se localiza en ese hemisferio del planeta. Así se producen los contrastes entre NTeB y NNTeB, respectivamente: Banda Templada del Norte y Banda Templada del Norte más al Norte (o, dicho de un modo simplificado, la banda templada de más al norte).
Los anillos
Los anillos de Saturno pueden identificarse hasta en el más pequeño de los telescopios. Con el menor aumento posible (e inclusive con binoculares), verá que no hay manera de hacer que la imagen del planeta se vea como una bolita. En cambio, luce como un pequeño óvalo bastante alargado. A 50x de aumento, más o menos, queda develada la causa de ese “defecto”: sus anillos. Éstos, que en la presente oposición estarán inclinados a poco menos de 26° respecto a nuestra perspectiva (el máximo es de 27°, ocurrido en abril de 2003), están compuestos de millones y millones de partículas de hielo —algunas tan pequeñas como granos de arena, otras tan grandes como automóviles— que han quedado atrapadas por la fuerza gravitatoria del planeta, desde su formación o como producto de colisiones de objetos en órbita a su alrededor, en una capa de tan sólo un kilómetro de espesor.
Desde la Tierra, y con telescopios de aficionados, son relativamente fáciles de divisar los anillos denominados A, B y C, en orden desde el interior hacia el exterior. El B es el más extenso y brillante de los tres, cubriendo unos 25 500 km de espesor, en comparación con 14 600 km para el anillo A y 17 500 km para el C. Este último anillo, que también es llamado el Anillo de Crepé, es el más tenue de los tres y requiere de unas excelentes condiciones atmosféricas para ser observado, aunque la inclinación actual de los anillos le y nos favorece.
Otro detalle que puede observarse con facilidad en los anillos es lo que se conoce como la División de Cassini, la separación o espacio aparentemente vacío que existe entre los anillos A y B, descubierta en 1675 por el astrónomo italo-francés Giovanni Domenico Cassini (1625-1712). Su detección dependerá de cuán buena y transparente esté la atmósfera terrestre y de la óptica de su telescopio. Personalmente, he encontrado que es muy fácil de ver en un telescopio de 102mm (4 pulgadas) de apertura, lo que sugiere que seguramente puede detectarse en telescopios más pequeños. Como el caso del Anillo de Crepé, la inclinación actual de los anillos le y nos favorece.
Más difícil aún lo es otra pequeña separación que existe en las regiones más externas del anillo A, la cual se conoce como la División de Encke, nombrada así en honor al astrónomo alemán Johann Franz Encke (1791-1865). Ésta requerirá de un telescopio de al menos 200mm, o de uno de 150mm y una atmósfera perfecta. Use el mayor aumento que le permitan su instrumento y la atmósfera. Procure que sea un ocular que produzca la mejor imagen posible (más clara y con mayor contraste), aunque no sea el que le ofrezca la imagen de mayor tamaño. De todas maneras, prepárese para una tarea realmente difícil. Algunos observadores han necesitado telescopios de más de 300mm para poder detectarla.
Durante los días antes y después del momento de oposición, el planeta proyecta su sombra sobre los anillos. Este efecto es relativamente fácil de detectar en telescopios de más de 102mm de apertura. Dicha sombra, junto a la tonalidad ligeramente oscura de los limbos del planeta (como sucede con Júpiter), le imparten una apariencia tridimensional que es simplemente impresionante.
Ocasionalmente, se han observado variaciones en la tonalidad de los anillos y la aparición de unos “rayos”, o ansae (agarraderas), en la parte interior de los anillos. Ambos efectos requieren de telescopios de más de 200mm ó 250mm de apertura para su detección.
Bandas de nubes
Saturno, al igual que Júpiter, tiene un sistema atmosférico muy activo. Sin embargo, los cambios en tonalidad de color son más sutiles que en los del segundo, lo que implica que se necesita que nuestra atmósfera esté en buenas condiciones; además, se recomienda un telescopio de unos 150mm de apertura para poder apreciarse. Personalmente he logrado ver bandas de nubes con el telescopio de 102mm. Esta observación la confirman otros observadores que también han logrado verlas con telescopios pequeños.
Como Saturno tiene un color amarillo-cremoso, las bandas suelen lucir de tonalidades marrones o marrón pálido o cremoso. Las zonas entre las bandas suelen tener un color más claro.
Recuerde que, entre más tiempo pase observando y estudiando el planeta, más fácil le será detectar cambios en su atmósfera. Por lo regular, suelen aparecer manchas blancas u oscuras en las zonas ecuatoriales con las cuales puede registrar la rotación del planeta, más rápida en esas regiones (10 horas, 14 minutos, período que es compartido por las zonas polares) que en las latitudes medias (10 horas, 38 minutos). Esos períodos de rotación dividen la atmósfera en tres sistemas conocidos como I (el ecuatorial), II (el medio) y III (las zonas polares).
Satélites naturales
El sistema de satélites naturales de Saturno consta de más de 30 lunas, ocho de las cuales son visibles en telescopios aficionados. La más grande y una de las más importantes del Sistema Solar, Titán, suele verse como una estrella de octava magnitud, en algunos casos de color algo anaranjado debido a la espesa atmósfera de nitrógeno que posee. No obstante, esa estrella se moverá junto al planeta mientras se traslada a su alrededor.
Las restantes lunas, en orden de brillantez, son Rea (9.4), Tetis (9.9), Dione (10.1), Encelado (11.4), Mimas (12.6) e Hiperión (13.9). Mimas es la más cercana a los anillos, y su corta órbita apenas la aleja de ellos. Esto dificultará su observación en la presente oposición. Hiperión, que es la más tenue, requerirá de un telescopio de, por lo menos, 200mm de apertura. La última luna, Iapetus, aunque brilla a una magnitud de entre 9.0 y 10.8 (que resulta fácil para cualquier telescopio), es la más que se aleja del planeta (hasta unos 10', arcos de minuto), por lo que suele pasar desapercibida si no se conoce de antemano su localización. Esta misteriosa luna tiene un hemisferio muy oscuro y el otro extremadamente claro, lo que provoca su amplia variación en magnitud.
