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CUADERNO DE OBSERVACIONES ASTRONÓMICAS
2004.11.23+00:45 UT
Combatiendo la aberración cromática à la V-Block, segunda parte Finalmente, hoy ha habido un poco de cielo despejado disponible para la observación astronómica, después de lo que, me parece, ha sido un mes de reinante nubosidad y lluvia. En la mira estuvo la Luna, dispuesta a poner a prueba el refractor acromático y el filtro “minus violet” para controlar la aberración cromática. Veamos qué sucedió en este nuevo episodio. Desde el pasado eclipse de Luna, cuando las condiciones del cielo fueron similares a las de hoy, no había vuelto a ver a nuestro satélite con este telescopio. En aquella ocasión, me pareció que la presencia de una fina capa de nubes funcionaba como filtro porque no detecté aberración en los momentos en que observé con él. Hoy, que hubo varios claros sin nubes, pude notar que lo que sucede es que, a poco aumento, es relativamente minúsculo el efecto que se percibe, por lo que puedo concluir que la calidad óptica del telescopio debe ser bastante buena, considerando que es f/6 y acromático. Probé con todos los oculares Plössl que tengo disponibles, combinándolos, de paso, con una barlow. A todas luces (venga muy bien esta frase), a mayor aumento, más se evidencia el halo violeta. Esto causa, a su vez, que haya una pérdida de contraste, pues la imagen se ve, en cada caso, medio “nublada” por efecto de la aberración. Seguido, probé con el filtro V-Block y el W#8 (amarillo), y con ninguno de los dos me gustó la apariencia de la Luna: con el V-Block, se veía amarillo-verdosa, y con el W#8, amarilla-blancuzca. Por alguna razón, y a pesar de que el V-Block transmite, supuestamente, 95% de la luz —y el W#8, 83%—, la Luna se veía más opaca, o más oscura, con ese filtro. Parece absurdo, pero ha sido así. ¿Es, entonces, el W#8 mejor que el V-Block con nuestra amiga selenita? Pues no, porque a pesar de que muestra una Luna más clara, no es tan efectivo para controlar la aberración cromática, que sigue evidentemente presente con oculares de mayor aumento. El V-Block, por el contrario, logra eliminarla casi al 100%, y, a diferencia de Capella (ver notas anteriores), no produce, para mi sorpresa, los arcos verde y rojo que se vieron en la estrella. En notas relacionadas, el telescopio también permitió, con cierto éxito, aumentos de hasta 200x (un Plössl de 6mm con una barlow apocromática de 2x), que es su límite máximo sugerido (2x por milímetro), en cielos con condiciones no idóneas, tanto con como sin filtro. Aún así, la definición de la imagen no fue tan aguda como la del Mak con un aumento similar (213x, el mismo Plössl de 6mm, pero sin la barlow). Sólo resta por verse qué tal funcionan, tanto el telescopio como el V-Block, con los planetas. 2004.11.17+02:00 UT
Combatiendo la aberración cromática à la V-Block El segundo turno de la noche le tocó al filtro V-Block Anti-Fringing de Orion que compré para el refractor acromático que recibí hace algo así como un par de semanas. Y no es que realmente lo necesitara, sino que tanto ha sido lo que he leído sobre su efectividad, que pensé que sería bueno tener uno (por si acaso los comentarios tenían validez). Sin embargo, los resultados de la breve prueba que efectué esta noche no son muy claros en cuanto a su desempeño. El refractor que tengo es de 100mm de apertura y f/6, que vende Orion bajo el nombre de SkyView Pro 100 EQ. Por ser un acromático ligero (f/x bajo), esto sugiere que debe mostrar suficiente aberración cromática en cualquier aplicación. Como ya he reportado, sí la exhibe, pero la misma no impide que se disfruten las vistas que produce el equipo. Como también he mencionado, dicha aberración afecta principalmente los objetos brillantes (estrellas de primera magnitud, los planetas —con los que todavía no lo he probado—, la Luna y superficies que reflejen mucha luz en observaciones diurnas), pero como sólo pretendo usar este telescopio para vistas de campo amplio esto no debe ser un impedimento. Aún así, me aventuré a comprar el filtro V-Block (del tipo popularmente llamado “minus-violet”) para, supuestamente, mejorar el desempeño óptico del instrumento cuando vea con él, aunque sea ocasionalmente, objetos que puedan acentuar la aberración cromática. Los objetos que sirvieron de blanco en esta prueba fueron Polaris, las estrellas principales de Cassiopeia y Capella. Para comparar los resultados del filtro V-Block, utilicé también un filtro color amarillo W#8. Las pruebas se hicieron con un ocular Plössl de 15 mm (40x). Las condiciones de la atmósfera eran pésimas, pues ha estado lloviendo mucho y las nubes cubren la mayor parte del cielo. Por lo tanto, la prueba no se ha hecho con la rigurosidad necesaria, y los resultados son simplemente preliminares; en otro momento, con mejores circunstancias, la volveré a realizar usando otros oculares y a mayores aumentos. El primer objeto que enfoqué durante esta prueba fue Polaris, no porque fuera una estrella de sobresaliente brillantez (es sólo de segunda magnitud), sino porque está en el área con mayor contaminación de luz en esta zona y porque es una estrella doble. Como era de esperarse, prácticamente no exhibe aberración cromática, supongo que porque no es muy brillante. Sin embargo, claramente, el filtro V-Block le otorga un ligero color amarilloso, como también lo hace el filtro W#8 (que sí es amarillo). La estrella secundaria se ve con mucha facilidad aún sin filtro, pero me da la impresión de que se lograba mejor contraste con el V-Block porque el cielo alrededor de la estrella como que se ve un tanto más oscurito que con el W#8 o sin filtro. Minutos más tarde, dirigí el telescopio a las estrellas de Cassiopeia (todas de segunda mangitud), que estaban más altas. Como en Polaris, tampoco había mucha evidencia de aberración cormática en ellas sin filtro. Nuevamente, no hay diferencia significativa entre los filtros. Este segundo turno fue de poca duración porque las nubes cubrieron el área mientras hacía la prueba. Pocos minutos más tarde, aclaró el área de Auriga, por lo que me moví inmediatamente a enfocar a Capella, que es una de las estrellas más brillantes del cielo (mag. +0.08). Sin filtro, en ésta sí se veía indiscutiblemente el famoso halo azul-violeta. Rápidamente, coloqué el filtro V-Block. La estrella adquirió una ligera tonalidad amarillenta, pero se eliminó prácticamente por completo el halo a su alrededor. Sin embargo, aparecían ocasionalmente dos arcos, uno arriba y otro abajo de lo que podríamos describir como el “borde” de la estrella. El de arriba se veía rojizo, y el de abajo, verdoso. Supongo que es el equivalente de los bordes cromáticos que aparecen en la Luna y los planetas cuando se observan con un telescopio de este tipo (acromático). Mi interpretación de esto es que el filtro ha logrado eliminar el halo, lo que, a su vez, permite distinguir los arcos que probablemente siempre han estado presentes, pero que el halo, cuando se ve, los opaca (distrae nuestra vista). Que sean rojo y verde puede deberse a la tonalidad del filtro, la misma que es responsable de que la estrella se vea un poco amarillenta-verdosa. El filtro W#8 causa los mismos efectos que el V-Block en Capella; inclusive se detectan los arcos mencionados arriba. El color de todo el campo de visión aparenta tomar una tonalidad monocromática dominada por el amarillo. Esto último no sucede con el V-Block, que aunque pinta la estrella ligeramente amarilla, el cielo permanece neutral, y hasta las demás estrellas se ven más vivas (resaltan). Es decir, el filtro amarillo también logra eliminar la aberración cromática, pero le resta “colorido” al ambiente. Comparando ambos filtros con Capella desenfocada, la imagen del W#8 se ve amarilla y algo tenue; la imagen del V-Block, por el contrario, se ve casi blanca (o más correctamente, sólo ligeramente amarilla) y con mayor brillo. Esto demuestra que el el V-Block tiene verdaderamente mayor transmisión de luz (se anuncia como 95%) que el filtro W#8 (con 83%). En conclusión, realmente no le veo, todavía, mucha utilidad a este filtro V-Block Anti-Fringing, aunque tengo que admitir que por lo menos logra el efecto que dice producir. El filtro amarillo W#8 es igualmente efectivo (y mucho más barato), pero opaca, o absorbe, más luz que el V-Block, que tiene, efectivamente, un mayor por ciento de transmisión, como queda comprobado. Considerando esto último, si ambos logran eliminar los halos, pero el W#8 bloquea más luz, entonces, el V-Block resulta indudablemente más conveniente. 2004.11.17+00:00 UT
Transformaciones Los que han leído mis reportes sobre la CG-5 de Celestron con que vino equipado el Schmidt-Cassegrain G-9¼ que adquirí a finales de marzo de 2003 saben que, desde muy temprano, le hice una serie de modificaciones al malísimo trípode de aluminio para mejorar su pobrísima estabilidad (hasta temí que, sin ellas, el telescopio sufriría algún accidente previsible porque, en realidad, el trípode no servía para nada). Aunque supuse que los cambios habrían tenido gran éxito (a pesar de confirmar lo contrario en mis observaciones de los planetas durante este tiempo), lo cierto es que no tenía otro marco de referencia con qué hacer una comparación más o menos objetiva. Hasta que compré el refractor SVP 100 EQ de Orion, que vino con una montura SkyView Pro con trípode de patas de acero inoxidable, más fuertes que las raquíticas de aluminio de la CG-5. Luego de ensamblar el recién adquirido refractor y ver aquella hermosa montura ecuatorial alemana construída en China y vendida en Estados Unidos (ya eso suena a las Naciones Unidas) instantáneamente pensé que ésta le “caería” muy bien al G-9¼. Sin embargo, no creí justo hacer un trueque tan temprano en detrimento del recién llegado refractor, que muy bien está trabajando. De todas maneras, me aventuré a hacer la prueba, y el resultado fue que las vibraciones del conjunto SVP+G-9¼ desaparecían en menos tiempo del que experimenta el mismo telescopio con su CG-5. Es decir, que como ya sabía, no cabía duda de que sería muy conveniente comprar una mejor montura para el G-9¼. A pesar de que estaba convencido de que la solución más beneficiosa, por ser estable y no tan costosa, era la Atlas de Orion, opté por cometer la locura de ordenar la SVP para el G-9¼. Indudablemente, las vibraciones no desaparecerían (pero aparentemente tampoco lo harían con la Atlas), pero sería una inversión minúscula antes del próximo paso, que debería ser, seguramente, la Losmandy G-11 (si no es que, cuando pasen los años —que así será— resulte más práctico comprar otro equipo completo). Y bueno, cuatro días después de haber pedido la mercancía, hoy recibí la grata llamada de FedEx informándome que estaban frente a mi casa. Tuve que esperar de cuatro a cinco horas lo que regresé del trabajo, pero así ya luce el nuevo y levemente mejorado Celestron G-9¼, que de ahora en adelante debería llamarse el Celestron SVP 235mm SCT, o el Oritron G-9¼, o el Celerion 9.25 SCT, cualquiera de ellas. Sencillamente, estoy muy contento con el cambio.
Además de la montura SVP, también adquirí el True-Track Dual Axis Drive y el telescopito de alineación polar para que, por primera vez, el juego estuviera completo. Junto con esto recibí un filtro V-Block para el refractor (más adelante incluiré los resultados de esa otra prueba) y un par de anillos para el invento que a continuación relataré. Ahora sólo estoy a la espera de un cielo sin nubes para poder probar este nuevo conjunto. El que salió ganando fue el pequeño Mak, que heredó la vieja CG-5 del G-9¼. Los anillos que mencioné en el párrafo anterior vinieron con el propósito de “montar” el Mak-Cass de 102 mm en la CG-5 que quedó desocupada. Tal parece que la CG-5 es mucha montura para poco instrumento —y ciertamente lo es—, pero es mejor que la “ultraliviana” EQ-2 con que vino originalmente. Se supone que con el cambio el Mak haya ganado más estabilidad, pero eso queda por verse (una vez cesen las lluvias). Supongo que este otro también requiera un ajuste en su nombre: G-4, G-Mak o, incluso, G-MC (con ya sea Oritron o Celerion, según aplique).
Finalmente, aún queda más por hacer, porque tengo una montura EQ-2 en desuso, que bien: (a) puedo vender, o (b) puedo ocuparla con otro telescopio pequeño, o (c) puedo dejarla por ahí para cuando necesite que el Mak se transforme nuevamente en el “ultraliviano Mak-Cass”. Eso queda por verse... 2004.10.24+02:30 UT
Refractor Orion SkyView Pro 100mm EQ, primera impresión
Hace tiempo que pensaba en comprar uno de esos telescopios refractores, pero de tipo apocromático, los que tienen lentes de materiales especiales para minimizar al máximo (y no es incongruencia esto) la aberración cromática inherente a este diseño. Sin embargo, sólo pensar en el hoyo negro que iba a crearse en mi bolsillo hizo que me inclinara por obtener este acromático, que también es un refractor, y cuyos pares son usados, sin muchas quejas, por tantas otras personas (más de lo que uno se imagina —como ya he averiguado—; si nos dejamos llevar por ciertos autores de artículos de observaciones astronómicas, que no se cansan de reseñar y retratarse con “la crème de la crème” del mercado, siempre a la disposición de un grupo muy reducido, diríamos que la astronomía es sólo un pasatiempo para los “rich and famous”). Pues bien, volviendo al telescopio acromático de Orion, tienda que se especializa en la venta de equipo de bajo costo y de la mejor calidad posible, éste vino con una montura excelente, capaz de sobrellevar el peso de un newtoniano de 8 pulgadas (203mm). Cargando un refractor de 4 pulgadas al presente solamente, sabrán que el conjunto es sumamente sólido. Mecánicamente hablando, el tubo óptico es bastante bueno: muy elegante y todo. El único elemento que podría (y debería) mejorarse es el enfocador, que con varias piezas de plástico, no dudo que necesite reemplazarse dentro de algún tiempo. Y la montura es muy sólida (por si no lo he enfatizado); en realidad es MUY, muy buena. Hasta trajo una pesa adicional, para cuando uno quiera utilizarla con otro instrumento más pesado, o añadirle más peso al que vino con ella. En una escala del 1 al 10, en la cual, 10 sea el valor máximo, le otorgo 15. Como la "Ley de Murphy" (o quien haya sido) establece que la noche estará nublada el día que recibas tu nuevo telescopio, el viernes (y el sábado) no fue la excepción, por lo que he tenido que esperar hasta hoy, domingo, para probarlo aunque sea brevemente. Por fortuna, la primera área de cielo en despejarse fue la región de Lyra. Esta constelación tan pequeña me prestó a Vega para probar el grado de aberración cromática en el telescopio, a Epsilon <ε> Lyrae para probar su capacidad para separar estrellas dobles, y a M57, la Nebulosa del Anillo, para probar su utilidad en la observación de objetos de cielo profundo. Un decayente Escorpión, próximo a ocultarse por el horizonte oeste, me permitió echar un vistazo a Antares para ver cuánto afecta la aberración cromática en la detección de los colores naturales de las estrellas. ¿Resultados? El funcionamiento de la montura es perfecto: absolutamente sólida, como suponía, y eficiente. El motor-reloj de ascención recta es supersilencioso, no como los de Celestron, que suenan como una locomotora vieja. La montura carece de un telescopito de alineación con Polaris, pero mirando a través del agujero que tiene para colocar dicha pieza es suficiente. La aberración cromática está ahí, y muy evidente: como era de esperarse. Pero no me ha importado para nada porque: (a) sólo afecta los objetos brillantes, y compré el telescopio para vistas de campos amplios a poco aumento; (b) la calidad de las imágenes es excelente: las estrellas se ven como puntitos y los rasgos de la Luna se ven bien definidos, lo que sugiere una buena colimación; (c) la aberración es fácil de controlar aún sin tener uno de esos filtros “Minus-Violet” que vienen para ayudar a combartir ese mal con sólo colocar un filtro amarillo #8, que reduce los halos violetas sin alterar el color de los objetos significativamente; (d) el cerebro tiene la capacidad para hacer sus propias correcciones, e ignora gran parte del tiempo la presencia de la aberración. La vista de M57 fue excelente. A 24x (el aumento del ocular de 25mm) y 2° de campo de visión, la diminuta silueta de 1' y magnitud 8.8 se veía claramente entre el mar de estrellas tenues y menos tenues. A 60x (ocular de 10mm), la definición de la imagen seguía siendo excelente; la forma de anillo se percibía claramente, con arcos más brillantes que el área central. Incluso, la vi brevemente con un ocular de 5mm a 120x (que es el mayor aumento que tengo sin usar una lente Barlow) sin perder calidad en la imagen. En algún momento posterior intentaré utilizar el Vixen 2.5mm (que elevaría el aumento a 240x, más del máximo teórico) a ver qué sucede. Epsilon <ε> Lyrae, la “doble-doble”, por su parte, pudo separarse claramente en sus cuatro componentes. Con poco aumento, se veían dos estrellas como con forma de habichuelitas, que al mirarse con mayor detenimiento, mostraban su verdadera naturaleza. La mejor vista fue a 120x, con el Plössl de 5mm, con el que cada estrella logró completa separación, con suficiente espacio entre cada componente como para identificarlas distintamente. Incluso, comparé esta vista con la imagen de este mismo sistema de estrellas en el Mak (de apertura similar, pero con la desventaja de la obstrucción central), equipado con un ocular de 10mm (130x), y ambas eran muy similares, con ventaja del refractor que ofrece mejor contraste y brillantez. Como esta es la primera vez que poseo un refractor decente, no tengo referencia directa previa sobre las ventajas de las que tanto hablan otros astrónomos aficionados respecto a la calidad de las imágenes que producen estos telescopios sobre otros diseños, pero sí puedo asegurar que lo que vi superó lo que he obtenido con mis otros instrumentos, incluyendo el de 6 pulgadas y tal vez excluyendo el 9.25; esto último lo probaré en una próxima ocasión. En cuanto a Antares: rojita como siempre, sin más ni menos, tan rojita como en cualquier otro instrumento. Al parecer, la aberración cromática no afecta en este sentido, pues el halo violeta aparece en la periferia y no sobre la imagen de la estrella (o eso aparenta ser el caso). En resumidas cuentas, Orion ha producido, con esta nueva línea de telescopios, un instrumento de buena calidad, a precios al alcance de la gente.
Nota posterior (27 de octubre): utilizar este telescopio para observar la Luna llena es estar sujeto a dos arcos de colores que danzan a la vista del “espectador”; dependiendo del ángulo, unos instantes de segundo se ven y otros no. Esta noche del eclipse, quise probar este telescopio con la Luna. Para mi sorpresa, las nubes que de vez en cuando la cubrían servían para filtrar la aberración cromática del sistema. 2004.01.02+22:45 UT
"Año nuevo, vida nueva", resa el conocido estribillo. En esta ocasión, se trata más bien de un "resucitamiento", para ofrecer una palabra, porque se trata de un ocular muerto que ha vuelto al ruedo astronómico. Hace unos cuantos años, "asesiné" a un ocular orthoscópico de 6mm cuando traté de limpiarlo una mañana, tras haber regresado de una exitosa y prolongada noche de observación en el barrio Jauca de la municipalidad de Santa Isabel, en la costa sur de Puerto Rico. Entonces sucedió que impregné demasiado el algodón en la solución para limpiar las lentes (así de exitosa fue la noche, que en la mañana casi ni pensaba), y el sobrante de la misma decidió viajar un poco más lejos y depositarse entre los dos componentes del ocular. Espantado por el evento, automáticamente pensé que sería muy sencillo descomponer el ocular, extraer las lentes, limpiarlas y volverlas a colocar. Pues así lo hice: abrí, saqué, limpié, volví a poner todo como creía que estuvo, monté las piezas, cada una en su sitio, y "voilà": el ocular había llegado a su fin. Ya no enfocaba adecuadamente, la limpieza no había resultado tan definitiva como imaginaba, y por más que llevé a cabo los mismos pasos una y otra vez (en realidad, no fueron tantas), "oculum caput" —no busquen en sus diccionarios de latín el significado de esa expresión porque no va a aparecer. Desde ese momento, el ocular ortoscópico de 6mm permanecío para siempre en su pequeña cajita azul donde vino empacado el día de su debut, preservado para el recuerdo colectivo de los dibujos que hice con él, que de todas formas, no fueron muchos. Por eso último fue que no sufrí tanto la lamentable pérdida, ni inicié los planes para comprar un sucesor inmediatamente. Por varios años, en los cuales seguí concentrado en la observación de objetos de cielo profundo (para lo que no usaba el desafortunado ocular, excepto en muy contadas excepciones), mi vida trascurrió normalmente. Recientemente, empero, he concentrado el 90% del tiempo en los planetas, para lo cual valdría la pena utilizarlo. Pero tengo una equivalencia, un Plössl de 6mm... Sin embargo, la curiosidad por comparar ambos artefactos me hizo pensar en intentar "restaurar" el antiguo compañero de vista, ya que cualquier cosa que hiciera con él, no pondría en riesgo su funcionamiento. En caso adverso, iría directito, con todo y su cajita azul, al zafacón más cercano. Pasaron varios días de nubosidad aguda después de la supuesta reparación, tras la cual le había retirado una enigmática capa de algo no identificado que se había apoderado de la superficie externa de una de las lentes con el paso del tiempo. Una inspección inicial, utilizando a Venus como punto de referencia visual, ha revelado que todavía hay algo de aquéllo (fuera lo que fuese) hacia los bordes de una de las lentes (o de las dos), pero el centro está bastante "despejado". La misma inspección ha revelado que, definitivamente, algo extraño sucedió, y que la antigua lente ortoscópica de 6mm ha recobrado su capacidad para enfocar las imágenes adecuadamente. ¡Primera sorpresa del año nuevo! Paso seguido, procuré llevar a cabo la comparación entre el ocular resucitado y el Plössl de 6mm (por si existía el riesgo de que su recuperación sólo fuera una ilusión de corta duración) para ver cuál de los dos trabajaba mejor: obviamente, ha ganado el Plössl porque el ortoscópico aún está lejos de su "estado natural" (el de nuevo). Sin embargo, el ortoscópico me pareció que producía una imagen que aunque con menos contraste —por la razón expuesta en el párrafo anterior—, era más cómoda a la vista, permitiendo captar con mayor facilidad la fase del planeta (hoy, de un 83%). El planeta se veía también más grande que en el Plössl, probablemente por tener un campo de visión aparente más reducido (45°, comparado con los 50° del Plössl); estaría entre la imagen del Plössl de 6mm y el de 4mm aproximadmente. Resultados: el ocular ortoscópico de 6mm ha sido parcialmente devuelto a la vida y ha sido rebautizado como el ocular oficial de Venus. Observaciones solares previas
Continuación de las pruebas del equipo astronómico:
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