Todo comienza desde cero, el punto de partida por excelencia. Antes de contar con la instrumentación de la cual disfruto, pasé muchos años con equipos muy rudimentarios o poco adecuados para hacer este tipo de labor.
Historia antigua
Precisar el momento a partir del cual comenzó a interesarme la astronomía es tarea imposible: me ha gustado desde siempre (como a la gran mayoría de nosotros). El primer instrumento de observación que tuve (durante mi niñez y luego de haber devorado los viejos libros que encontré en mi hogar que no fueron suficientes—) fue un pequeño telescopio "Creative Science" 30x40mm hecho en Japón (que existe todavía; lo conservo en calidad de reliquia), adquirido en la tarde de un domingo de febrero (probablemente el 21) de 1982 como parte de los preparativos espontáneos para la "gran alineación" planetaria en la primavera de ese año. El pobre ni siquiera podría ser clasificado como acromático, pero para mí era lo más grandioso y perfecto del mundo. Fue suficiente para "descubrir" los cráteres de la Luna y ver los cinco planetas principales (sin detalles detectables). El campo de visión sería de aproximadamente 1º, pues podía ver la Luna completa y algo más de espacio a su alrededor; sin embargo no recuerdo haber visto los satélites de Galileo [recientemente hice una prueba para verificar esa sospecha, y creo haber detectado alguna tenue evidencia de, al menos, uno de ellos]. Mayormente lo utilizaba para observación terrestre. Este telescopito terminó sus días de servicio como "observatorio solar" por proyección. Cumplió más de diez años de experiencia antes de su retiro.
Edad Media
A los pocos años (pre- y adolescencia), adquirí unos binoculares Tasco Zip 7-15x35mm (zoom) que resultaron más apropiados y de mejor calidad para la observación astronómica que el minitelescopio anterior (el cual, dicho sea de paso, tampoco había sido necesariamente fabricado para ese propósito; fui yo quien le adjudicó esa responsabilidad). La mayor parte de los "primeros" eventos u objetos cósmicos captados con claridad se produjeron con estos prismáticos (que también existen todavía, como pieza de museo): con ellos vi mis primeras galaxias (M31, M81 y M82), mis primeros cúmulos globulares (M4 y Omega Centauri) y abiertos (éstos son muchos para mencionarlos), mi primer cometa (uno de nombre Levy en 1989 ó 1990; cruzaba el Escorpión para esa época), los satélites de Júpiter, Mercurio nuevamente en 1989-90 (primera vez después de 1982) y un largo etcétera. Este instrumento estuvo en servicio activo hasta varios años después de haber adquirido mi primer telescopio "de verdad" (refiérase a Siglo de Oro más adelante), hasta que, un día, la "curiosidad" (una de mis debilidades) me llevó a descomponerlos en sus partes mínimas y a volverlos a ensamblar. Obviamente, jamás regresaron a su estado natural (o dicho de otro modo, se convirtieron en chatarra espacial automáticamente). Es probable que también hayan cumplido sus diez años de servicio antes de la eutanasia a mediados de los 1990s.
Renacimiento
Llegó un momento en que los binoculares ya no revelaban más "secretos" de los que deseaba captar, y la avidez hasta entonces experimentada se redujo a pulsaciones irregulares de entusiasmo. Ese período, por suerte, no fue de larga duración, y el fin de la Edad Media se registró en junio de 1989, cuando ocurrió el Big Bang: recibí mi primera copia de la revista Astronomy. Con ello, se remedió la escasez de información actualizada que sufría sobre este tema y se "recrudecieron" los planes para adquirir un buen telescopio (candidato que cambiaba todos los meses cuando veía un anuncio nuevo en las páginas de aquella publicación). Meses después, me suscribí a la fenecida revista Deep Sky, que solía publicar Kalmbach y editar David Eicher (excelente, por cierto, pero creo que fue asesinada por el comienzo del boom de las cámaras CCD), con la cual definí mi preferencia por el cielo profundo.
Siglo de Oro
Durante año y medio, estudié varios modelos de telescopios de diferente diseño y costo, pero todos, generalmente, excedían mis proyecciones financieras inmediatas (el sueño habría sido un Celestron Super Polaris C8, que entonces costaba unos US$1,500.00). En el invierno de 1990-91, me decidí por un Celestron C4.5 (un newtoniano de 114mm de apertura) como la alternativa viable. Cuando, con la intención de ordenarlo, me comuniqué con el vendedor (en la segunda semana de enero de 1991), me informaron que no estaba disponible. En cambio, me sugirieron que comprara un Meade MTS-SN6 que costaba algunos US$100.00 adicionales. Así que, para no echar a perder la ilusión ya no podía "vivir" sin un telescopio, tomé el consejo y ordené el "runner up", una de las más sabias decisiones, si no la única, que he tomado en mi vida. El MTS-SN6, cuyas siglas significan Modular Telescope System - Schmidt-Newtonian 6, resultó ser un magnífico instrumento de muy buena óptica, una rareza dentro de los estándares de calidad de telescopios de producción en masa. Todo fenómeno y evento astronómico que excedía el alcance de mis instrumentos anteriores lo he disfrutado con este otro a cabalidad. Después de doce años de uso ininterrumpido y aún cuando ha sufrido de las inclemencias del clima tropical, continúa en buenas condiciones y haciendo observaciones de cielo profundo.

Luego de la adquisición del SN6 y otras misceláneas, me suscribí a Sky & Telescope, me asocié al National Deep-Sky Observers Society y, más tarde (en enero de 1994), a la Sociedad de Astronomía de Puerto Rico.
Edad moderna
El Siglo de Oro se extendió, aproximadamente, hasta 1999. Al parecer (sarcásticamente), los albores del nuevo milenio que se avecinaba causaron largos períodos de inestabilidad atmosférica y un alto grado de vagancia emocional que provocaron un "oscurantismo" general, que se tradujo, a su vez, en una disminución significativa en el disfrute de la actividad astronómica. La única señal de vida fue la creación, en abril de 1998, de lo que vino a ser la semilla de este sitio Web. Aprovechando las nuevas tecnologías de comunicación, diseñé una página electrónica sencilla para la Sociedad de Astronomía de Puerto Rico, que otros compañeros retomaron dos años más tarde. Al ocurrir esto último, me di a la tarea de crear mi propio sitio de astronomía aficionada, comenzando así, en el verano de 2000, el Catálogo de Charles Messier.
En el siguiente invierno, amplié dicho trabajo, lo que marcó el inicio de Algorab. A pesar del buen comienzo y de una extensa sección de efemérides (que nunca se actualizó), dicho proyecto verdaderamente no despegó hasta el 2002.
Edad contemporánea
Entre la primavera del 2000 y el invierno de 2001, hubo varios intentos fallidos de desplegar las velas de Algorab, pero sin éxito. Gracias a "las estrellas" y a la creciente contaminación de luz a mi alrededor, pronto comencé a interesarme por la observación planetaria (como sustituto de las observaciones de cielo profundo que ya no podía hacer plenamente desde mi hogar). Con ello, resurgieron los planes de adquirir un nuevo telescopio capaz de mostrar magníficas vistas de los planetas, que fuera apto para cielo profundo y de "cómoda" transportación. ¿El candidato idóneo? Esta vez, un Celestron G-9¼ que se integró al equipo de trabajo el día del Equinoccio de Primavera de 2003 por pura casualidad. Más recientemente, y a sólo tres meses de ese gran salto en apertura, adquirí el pequeño StarMax 102, con la intención de iniciar observaciones diurnas: del Sol y sus manchas solares. Y quince meses más tarde, adquirí el refractor de 100mm para complementar el reducido campo visual del Mak en las noches.
El futuro
Aún hay planes para adquirir otros telescopios (en un futuro no muy lejano): un dobsoniano de no menos de 12.5 pulgadas (317.5mm) de apertura preferiblemente de 15 pulgadas (381mm) para observación de cielo profundo y un refractor apocromático para la exploración de los planetas; el segundo, por ser más pequeño y liviano, cuenta con mejores posibilidades.